Es que al partir el ultimo vuelo del sábado por la tarde/noche desde el aeropuerto Taravella, y observar con la vista como se pierde en la distancia el titilar de la aeronave, se sabe que desde ese momento, vendrá “la peor” parte de los mal afortunados que deban cumplir un turno en esa noche.
Y ese vaticinio se hace con solo saber que ese fue el ultimo vuelo del día, y que no se vera a ningún otro avión aparecer en el horizonte, y por supuesto, ningún pasajero con valija en mano hasta media mañana del día siguiente.
Entonces ahí es el presagio de que será una noche eterna tal como reza el titulo.
Hoy por hoy, el último vuelo en partir es el de Lan Argentina 4219 que despega desde Córdoba a las 20:55hs, y normalmente el primero en aterrizar del día domingo es el Lan Chile 952 alrededor de las 11 u 11:30hs, haciendo así que durante casi 15 horas no exista el sonido de una turbina que le de aunque sea un poco de vida a un panorama casi desolador.
La brisa norte trae un aroma húmedo, las estrellas y la luna de un cielo totalmente despejado parecen ser los únicos compañeros del oficial de PSA que en su cabina se encuentra “acobachado”, y la perilla del dial de la radio del empleado de Intercargo en cualquier momento se desgastara de tanto ir y venir en busca de algún locutor que haga mas llevadera su noche.
Algo se ve que cruza la plataforma… ¡Un avión! grita un positivo operador de ARO AIS en su oficina, pero la esperanza rápido se esfuma, ese era el camión que barre el asfalto con total tranquilidad mientras un gato corre por debajo de la manga norte creyendo que se encuentra en un gran patio de juegos.
Ya son las 06:45 de la mañana, en el este, un tono anaranjado del cielo empieza a avisarnos que en pocos minutos volveremos a ver el sol.
Se empiezan a escuchar algunas voces en el hall de arribos, otros se saludan en la vialidad superior, el motivo es simple, hay recambio de turno a las 7 y los salientes que aun conservan ojeras comienzan a caminar con su mochila en el hombro y con solo una imagen en su mente: su cama. Hay mucho sueño.
De fondo se perciben el sonido de una frenada de un auto con un “alegre” joven que regresa de bailar de la zona de Villa Allende y que circula por el camino Pajas Blancas.
El “tunchi tunchi” de su equipo stereo retumba en los vidrios de los pocos autos que se encuentran en el estacionamiento.
Un taxista “chusmea” en la pantalla de vuelos cual será el próximo arribo. Sus ojos ven que el siguiente se producirá recién dentro de 3 o 4 horas, por lo que sale del hall en busca de su vehiculo. Aprieta el embrague de su auto, pone primera y huye decepcionado a desayunar a la estación ESSO a la espera de ese aterrizaje que seguramente traerá un pasajero que le dejara unos cuantos billetes en su bolsillo.





